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Fracasan tres de las cinco plantas previstas en el puerto de Bilbao para fabricar biocombustible

Posted on Viernes 13 Noviembre 2009

  • El mercado español se ha hundido e incluso la mitad de las instalaciones ya construidas están completamente paradas o funcionan «al ralentí»

El furor en torno a la industria de los biocombustibles que se vivió entre los años 2005 y 2007 se ha venido abajo. Más bien, aquella ola se ha dado la vuelta y amenaza con llevarse por delante a muchos de los que decidieron apostar e invertir en una tecnología que plantea numerosos problemas.

De las cinco plantas de producción de este tipo de carburantes que se proyectaron en el puerto de Bilbao y consiguieron la adjudicación de los terrenos, tan sólo una ha conseguido alcanzar los objetivos perseguidos; otra funciona «al ralentí» y las tres restantes han fracasado. Sus promotores ya han comunicado a las autoridades portuarias vizcaínas que renuncian a la concesión que habían recibido.

Tan sólo la planta construida por el grupo Bunge -participada por Acciona-, que comenzó a producir biodiésel a principios de año en los terrenos portuarios del Abra exterior, ha alcanzado su pleno rendimiento con una producción anual estimada de 200.000 toneladas de combustible. La empresa llegó a un acuerdo con Petronor para venderle, al menos durante dos años, la totalidad de su producción.

Con ello, la compañía del grupo Repsol se ha asegurado el abastecimiento que necesitaba y ha «congelado» el proyecto de construir su propia instalación, para la que ya había recibido una concesión.

Carpetazo final

La factoría de biocombustibles de Zierbena -participada por Bionor, el grupo Entaban y Caja Rural de Navarra-, en la que se han invertido casi 60 millones de euros, está «al ralentí» ya que no encuentra dónde vender su producción. Mientras, los responsables de Diésel Energy -impulsada por Jesús Martín Buezas, yerno de Florentino Pérez- y los de Bioener -el proyecto de planta de bioetanol promovido por el Ente Vasco de la Energía (EVE)-, ya han transmitido su renuncia formal, según confirmaron ayer fuentes del puerto de Bilbao.

Las razones para este auténtico desmoronamiento son múltiples y no están ligadas a la situación de crisis generalizada o de dificultades para conseguir financiación. El primer elemento es que los inversores confiaban en una legislación más «activa» a la hora de imponer que los productos que se venden en las gasolineras tuviesen un mayor porcentaje de biocarburantes. Así, en la actualidad, la legislación sitúa por debajo del 5% el porcentaje obligatorio de biodiésel que debe mezclarse con el fuel convencional porque la Administración española no ha querido forzar la máquina. Cuando estos proyectos de inversión fueron aprobados, sin embargo, las previsiones colocaban ese porcentaje muy por encima.

Si un mercado es pequeño y en el colmo de las desdichas se lo comen quienes vienen de fuera, el papel que queda reservado a los productores nacionales es el de visitantes asiduos del ‘muro de las lamentaciones’. Y es que de las 586.000 toneladas de biodiésel que se consumieron en España el pasado año, tan sólo el 29% -168.000 toneladas- eran de producción nacional. El resto fue de importación.

Situación «crítica»

Con ser grande esta brecha, no es nada comparada con la que se abre si las toneladas de producción estatal se confrontan con la capacidad real de las plantas instaladas en este país. Las 168.000 toneladas apenas si suponen el 9% de lo que realmente podían haber procesado. ¿La razón? Los expertos aseguran que el mercado español de biocombustibles está, literalmente, «invadido por producciones de países como Estados Unidos y Argentina», que han decidido conceder importantes subvenciones a sus productores. Importarlo, en la mayor parte de los casos, es más barato que fabricarlo en España.

La situación del sector, que la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA) no ha dudado en calificar como «crítica», tiene unas consecuencias aparatosas. No sólo se ha producido un frenazo en los proyectos de inversión que estaban en marcha, sino que en la actualidad se estima que más de la mitad de las plantas de producción en España están completamente paradas, mientras que un tercio mantiene una actividad marginal.

elcorreodigital

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