A estas alturas, visto el efecto coadyuvante de los biocarburantes en la mayor demanda y carestÃa de materias primas agrÃcolas con el correlativo impacto negativo sobre la inflación por la elevación del precio de los alimentos básicos, cabe preguntarse por la justificación del apoyo público que se les presta y por las razones del interés de la sociedad en ellos.
Primero se argumenta con la menor dependencia del petróleo (stocks limitados, precios al alza e incontrolables) y con que algunos paÃses productores son polÃticamente inestables. Se buscarÃa más seguridad energética.
El segundo motivo serÃa la lucha contra el cambio climático: La combustión de energÃa fósil implica el ‘desalmacenamiento’ de carbono acumulado en millones de años y la liberación del CO2 a la atmósfera, acentuando el efecto de los gases de efecto invernadero (GEI). Los biocarburantes, al captar el CO2 mediante la fotosÃntesis de las plantas, deberÃan tener un balance de carbono favorable.
Y finalmente se invocan los ingresos para los agricultores y la contribución de la producción de biocarburantes al desarrollo rural. Diversificar producciones y mercados y revalorizar los recursos locales deberÃan originar mejores precios de cereales y oleaginosas y crear más empleo.
Como se comprenderá, el peso de los tres argumentos varÃa según paÃses y sistemas de producción. En general, la promoción de los biocarburantes supone disponer de amplios territorios agrÃcolas (EE.UU. y Brasil o Argentina, p.e.), factor más limitado en Europa, incluso España.
Por otra parte, no es fácil evaluar la ganancia neta en toneladas de petróleo economizado, porque maÃz, colza y trigo necesitan abonos, herbicidas y carburante para su producción y carburante para transportarlos y transformarlos en bioetanol o biodiesel.
La situación española es muy ilustrativa por su particularidad. Hay cierto potencial productivo para cultivos energéticos, en especial sobre tierras marginales y de retirada. Hay también instalaciones fabriles para la transformación de las producciones. Pero existe una clara desproporción entre uno y otras, pues las segundas más que desbordan al primero. Como aparece una oportunidad de negocio, se multiplican las iniciativas industriales. Básicamente, y por mucho tiempo, habrá que recurrir a copiosas importaciones. A la vista están las tensiones creadas en las disponibilidades de aprovisionamiento y precios de materias primas agrÃcolas para la alimentación, en un mercado como el español, ya de por sà deficitario y exigente en importaciones para las necesidades de la alimentación ganadera.
VICTORIANO CALCEDO. diariomontañes.es

