El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, afirmó ayer que “el mundo se va a inclinar ante a los biocombustibles” y aseguró que “la cuestión del alcohol (combustible) y del biodiesel es irreversible”.
En un discurso pronunciado ante productores agropecuarios en el estado de Minas Gerais, el mandatario brasileño insistió también en que la producción de combustibles renovables “no representa una amenaza para la producción de alimentos”.
“Pueden hablar lo que quieran, pero cuando el mundo se incline ante los combustibles renovables, no habrá nadie que pueda competir con Brasil” aseveró Lula da Silva, quien recordó que Brasil continúa siendo uno de los más importantes productores de biodiésel y el segundo mayor productor mundial de alcohol combustible, etanol, con 17.500 millones de litros por año.
El discurso de Lula sobre el potencial de los biocombustibles coincide, en parte, con las conclusiones del Panel de Intergubernamental de Cambios Climáticos (PICC) realizado por la ONU y en el que se recomienda el uso de etanol producido a partir de la caña de azúcar, pues causa un menor impacto al medio ambiente frente al mismo producto elaborado a partir de maíz.
Según la entidad internacional, es necesario incentivar el uso del etanol de caña como energía hasta el 2020, con el fin de reducir las emisiones de CO2, y estabilizar la concentración de gas en la atmósfera para que la temperatura del mundo no suba más que 2° C, en 2030.
El documento sobre cambios climáticos de la ONU va a proponer una segunda alternativa de producción de etanol a partir de celulosa, que podría llegar a desarrollarse mas rápido en países ricos.
Lula y el presidente estadounidense George W. Bush acordaron, en dos reuniones celebradas en marzo, impulsar la expansión de los biocombustibles en América Latina. Sin embargo, la explotación a gran escala de este producto ha sido fuertemente criticada por los presidentes Fidel Castro, de Cuba, y Hugo Chávez, de Venezuela. Castro y Chávez, quienes consideran que orientar las plantaciones de maíz y soja a la producción de combustibles podría terminar encareciendo la alimentación.