El cambio climático es un asunto que preocupa a muchos, pero todavÃa ocupa a pocos. En Kyoto se fijaron unos objetivos que todavÃa están lejos de cumplirse. Los intereses polÃtico económicos tienen buena culpa de ello.
Aún no queda claro si estamos ante un cambio climático real o simplemente es un ciclo transitorio. El caso es, que las plantas son los primeros seres vivos que sufren los efectos de esta hipotética alteración del clima, por lo tanto, las primeras en reaccionar.
Esta reacción espontánea se traslada directamente a los agricultores, que ven indefensos como los estados fenológicos evolucionan a ritmos anómalos. Son las floraciones tempranas, que se ven sesgadas por repentinas heladas, o las prematuras caÃdas de frutos. También sucede que la ausencia de determinadas horas de frÃo produce efectos perniciosos en el desborre, la floración o la fructificación, sin contar la aparición de enfermedades u hongos que necesitan de bajas temperaturas para quedar latentes y ser asintomáticas.
Entre tanto, en el seno de la UE se adoptan acuerdos para el uso de energÃas renovables que combatan el cambio climático, a la vez que reducen la factura de los combustibles fósiles. El objetivo recomendable, no obligatorio, que se ha impuesto la UE es alcanzar el 20% de este tipo de energÃas en el 2020. La no obligatoriedad hace pensar en un nuevo fracaso, como el de los acuerdos de Kyoto; esperemos que no. Lo que sà es obligatorio es el uso de agrocarburantes. Los carburantes del 2020 deberán tener un mÃnimo del 10% de producto obtenido del campo. Pero ¿qué efecto tendrá sobre el sector primario?
A priori es tentador, ya que ofrece una alternativa a los productores de remolacha, de oleaginosas, de cereales o de otros cultivos aprovechables para este fin. Las pasadas semanas se ha reabierto un debate sobre el efecto que esta nueva industria tiene en el precio de los cereales. Desde algunos ámbitos se ha achacado su alto precio en el mercado mundial a la deriva de parte del producto hacia la sÃntesis de biocombustibles. Pero es una verdad relativa, aunque puede ser premonitoria. El pasado año, la cosecha mundial de cereales se redujo de forma considerable y, en consecuencia, los precios subieron, algo no imputable en exclusiva a los nuevos mercados no alimentarios. No obstante, se prevé que en los próximos años aumente la demanda de cereal y de otras plantas cultivadas. Si por este cambio, los productos destinados a alimentación suben de precio, en las siguientes campañas los agricultores reorientarán su producción, como siempre han hecho.
El incremento de demanda es una buena noticia para el sector, que provocará un aumento de la producción, un alza en los precios o, lo más probable, una combinación de ambos efectos.
GanaderÃa
En el caso de los cereales, si no aumenta la oferta se elevarán coyunturalmente los precios de los piensos, lo que afectará a los márgenes de las explotaciones ganaderas. Unas empresas agrarias en las que los piensos representan el mayor coste y cuyas alteraciones no pueden ser trasladadas de forma directa al producto final. Pero lo normal es que en un mercado mundial, con hipotéticos buenos precios, aumenten las producciones y el mercado se autorregule.
Una buena alternativa es el aprovechamiento del resto de la planta para uso no alimentario, dejando el fruto para piensos o consumo humano. Esta lÃnea de investigación está abierta y si los resultados son satisfactorios, se podrÃa conseguir maximizar la rentabilidad de las explotaciones agrÃcolas, contener el precio de los piensos y abaratar el coste de los futuros agrocarburantes.
El gran problema, aún sin resolver a pesar de la buena voluntad de polÃticos y profesionales del sector, es la garantÃa de uso de la materia prima europea. Algo muy demandado, para lo que todavÃa no hay una herramienta administrativa eficaz. Los contratos piloto, de carácter obligatorio, son una solución a corto plazo. Ya veremos si el libre mercado y los bajos precios en estados terceros son una tentación demasiado fuerte para esta industria emergente, la primera interesada en que los precios de la materia prima no se disparen.
Análisis agrario de Juan Quintana
