ArtÃculo de Andrés Izurieta publicado en elmundo.es.
Cuando Rudolph Diesel acudió en 1898 a la Exposición de ParÃs para presentar al mundo su motor de aceite pesado, quizá no fuera consciente de que, más de un siglo después, su invento habrÃa cobrado tanta importancia en el mundo del transporte.
Pero quizá sea menos conocido el hecho de que, al mismo tiempo, fuera de los primeros en utilizar un biocombustible. Y es que aquel ilustre alemán hizo funcionar el primer motor diésel con aceite de cacahuete, algo que hoy podrÃa considerarse como biodiésel.
De hecho, Rudolph mantenÃa que el futuro del motor de su nombre se basaba en la biomasa, que es toda materia orgánica producida mediante un proceso biológico y que pueda ser utilizada como fuente de energÃa.
Al otro lado del charco, Henry Ford mantenÃa una postura muy similar respecto a los combustibles vegetales, y los primeros vehÃculos que salieron de sus fábricas funcionaban con bioetanol.
Más de un siglo después de aquella efÃmera edad de oro, y tras renacer de sus cenizas hace un par de décadas, los biocombustibles comienzan a estar cada vez más presentes en Europa.
El bioetanol y el biodiésel son los dos tipos más comunes de carburantes ecológicos, y se emplean en motores de gasolina y de gasóleo, respectivamente.
El primero de ellos es un alcohol etÃlico deshidratado que se obtiene a partir de azúcar, almidón y fangos de aguas residuales, entre otras sustancias. A pesar de que España es el paÃs europeo que más bioetanol produce, no se utiliza como combustible para la automoción dentro de nuestras fronteras.
En cambio, en Suecia está muy extendido, y puede sustituir a la gasolina sin plomo o bien mezclarse con ella, requiriendo que los motores que lo usen estén especÃficamente preparados para ello.
Si se utiliza en estado puro —sin diluir en gasolina—, el motor entrega una cantidad de potencia sustancialmente mayor que su equivalente de gasolina, con el añadido de que emite la misma cantidad de CO2 que absorbieron de la atmósfera las plantas a partir de las cuales se produjo.
Pero el verdadero protagonista de entre los combustibles ecológicos en España es el biodiésel, cuya presencia en algunas estaciones de servicio se ha visto reforzada desde hace algunas semanas.
El biodiésel está compuesto sencillamente de aceites vegetales como el de colza, girasol, soja y palma, entre otras muchas plantas oleaginosas. También se obtiene a partir de aceite de cocina usado, tras ser debidamente filtrado y depurado para eliminar residuos.
A diferencia del bioetanol, el biodiésel puede ser utilizado sin ningún tipo de problema en cualquier motor diésel: sirve igualmente para pequeños utilitarios de gasóleo y para vehÃculos pesados o calderas.
Aunque en algunos paÃses, como Alemania y Francia, se venda en estado puro, las estaciones de servicio españolas lo suministran diluido en gasóleo fósil —el convencional— en unas proporciones que rondan el 15% de aceites vegetales por el 85% de gasóleo.
Las razones de que esto sea asà son principalmente dos: por un lado, las cuatro plantas que producen biodiésel en España no suministran suficiente cantidad como para poder venderlo en estado puro en las gasolineras.
Por otra parte, los vehÃculos que lo utilicen sin diluir deben sustituir el tubo de caucho que lleva el combustible del depósito al motor por otro de plástico.
Aunque la mayorÃa de los vehÃculos fabricados desde los años 90 ya lo incorporan, venderlo mezclado es una forma de ofrecer un producto que puedan utilizar todos los consumidores con la certeza de que no va a provocar ninguna averÃa.
¿MEJOR, PEOR O IGUAL?
Si llena el depósito con biodiésel —al 12%— en vez de con gasóleo fósil no percibirá diferencias sustanciales en el comportamiento del vehÃculo ni en las prestaciones, aunque el consumo aumenta ligeramente, sobre todo en recorridos urbanos.
Al estar situado su punto de inflamación en 110 grados centÃgrados, superior al del gasóleo, la potencia se reduce muy levemente, en torno a un 1%. Esta pérdida se ve recompensada en parte por su mayor poder lubricante, que redunda en un funcionamiento más suave de todos los elementos del motor.
Incluso, en motores viejos y con muchos kilómetros, se aprecia una notable reducción en los niveles de ruidos y vibraciones.
Su único inconveniente real es que las bajas temperaturas lo hacen más denso, haciendo más trabajoso el arranque del motor en frÃo.
No obstante, su principal virtud es la de ser más limpio que el gasóleo, ya que contamina un 15% menos (diluido).
A pesar de ello, algunas organizaciones ecologistas han alertado de que en varias partes del mundo se están talando bosques para cultivar las especies oleaginosas de las que procede el biodiésel. Greenpeace, por su parte, acepta este biocarburante como la mejor alternativa, pero señala que lo realmente necesario es mejorar la eficiencia de los motores.
Con todo, y mientras no haya otra alternativa, repostar biodiésel es una buena forma de reducir los niveles de emisiones contaminantes, aunque la alternativa más efectiva sigue siendo utilizar el coche sólo cuando sea necesario.

